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domingo, 3 de mayo de 2015

¿Qué puedo hacer frente a la angustia primaveral?

Es común en estas fechas, en las que se produce un asentamiento de la Primavera, un incremento en las consultas acerca de estados de ansiedad que se describen como de inquietud, de contención de una respuesta inespecífica ante un estímulo también desconocido (un "no sé lo que quiero"). A veces, en determinadas personas con antecedentes personales por crisis estacionales, esa angustia lleva a un estado similar a la depresión por percepción de indefensión ante la ausencia continuada de cambios en nuestro entorno (un "no me encuentro bien con nada" o al contrario, un "nada me hace sentir bien").

Es también frecuente canalizar dicho síndrome subclínico (leve) ansioso depresivo hacia deseadas soluciones "casero compulsivas" del tipo: tengo que perder peso (ya); tengo que reordenar mi casa (ya); tengo que poner al día todos mis papeles (ya)... y una larga lista de ideaciones similares, que se ven en si mismas complicadas y sin logro, generalmente por esa condición temporal imposible de cumplir, y que añaden, sin pretenderlo, todavía más tensión.

Pero aún se puede complicar más. Es común que creamos resolverlo con iniciativas que hemos escuchado en nuestro entorno familiar o de amistad, del tipo: automedicación o alteración, a nuestro modo, de la prescripción médica previa; abuso puntual de bebidas alcohólicas u otras sustancias depresoras del estado de conciencia; extraños ayunos para controlar una alteración digestiva; apasionamiento con una actividad que inhibe las demás y altera los hábitos normales, incluso los del sueño y la alimentación (buff).

En cualquier caso..., llega la primavera tardía o el verano anticipado que lo resuelve todo. Tan rápido a veces que, no nos da tiempo a analizar qué ha pasado o cuándo y por qué se ha resuelto, generando una "amnesia" o vacío de experiencia que lleva a que dicho síndrome se perpetúe en los futuros cambios de ciclo. La actividad normalizada, la adaptación plena a los hábitos horarios, alimenticios, la temperatura o cualquier otra condición cambiante hasta ese momento, se ha encargado de recuperar la normalización tan anhelada y sólo nos queda tiempo para vivirla y disfrutar de ello.

Si nos vemos reflejados en la descripción anterior de signos y síntomas es preferible que hagamos algo:
1.- Es bastante probable que seamos vulnerables a la "Astenia Primaveral", un término médico (no patológico) que se refiere a la sensibilidad especial de algunas personas al cambio de exposición a las horas de luz y de ciclo hormonal que se producen de forma universal en estas fechas. Es importante saberlo para conocernos mejor y realizar una correcta interpretación de nuestras sensaciones internas.

2.- Al igual que el resto de los seres vivos, sufrimos cambios estacionales que, en el paso de la primavera al verano, se producen en forma de brote, de emergencia, de impulsividad, que no requieren de otra respuesta racional que la de prepararnos para los cambios que vayamos programando a partir de la experiencia del verano pasado y/o anteriores.

3.- Acudir a la reflexión asertiva o la meditación para definir el mejor tipo de respuesta específica al conflicto interno que surja. Dar salida de forma irreprimible a una tensión usando (dejándose llevar por) la explosión conductual y/o el castigo (hacia los tuyos o hacia ti mismo) tiene consecuencias aún peores, y no resuelve el conflicto inicial.

4.- Evita el consumo de alcohol u otras sustancias psicoactivas, el ayuno, la automedicación o cualquier otra compensación extrema.



Un abrazo,
@telepsicologia1



martes, 12 de noviembre de 2013

Personalidad y Salud

Es habitual en primera consulta clínica de psicología la referencia a problemas de salud física (de tipo digestivo, dolor de cabeza e insomnio entre las más frecuentes), y que el médico ha considerado de origen psicosomático como el motivo fundamental de valoración psicológica y psicoterapia. La ausencia de biomarcadores o indicios de enfermedad en las distintas pruebas diagnósticas utilizadas por el médico y la falta de respuesta deseable al tratamiento farmacológico prescrito lleva a considerar la presencia de factores psicológicos que intervengan en el origen y/o mantenimiento de dichas alteraciones digestivas, cardiovasculares o respiratorias.

En estos casos, y tras una primera valoración psicológica, es frecuente detectar crisis de angustia subclínicas (recurrentes y de intensidad o duración discreta que no alcanza a cumplir la visita al servicio de Urgencias del Hospital más próximo), abuso puntual y de curso insidioso de sustancias tóxicas, episodios de ansiedad de tipo obsesivo compulsivo que no impiden hacer vida normal, estados distímicos ajenos a reacciones desadaptativas (depresión leve) y/o irritabilidad descargada en el ámbito familiar-conyugal o contra uno mismo.
Sorprende aún más que un abordaje psicoterapéutico inmediato centrado en dicho episodio agudo, dirigido a la propia clínica observada, no ofrezca mayor satisfacción en el paciente que las consultas realizadas hasta ese momento.



Hasta que, una valoración más exhaustiva, centrada en el persona, que incluye un estudio de la Personalidad y hábitos cognitivo conductuales adquiridos durante la pubertad y adolescencia, detecta en la gran mayoría de estas ocasiones un estilo de respuesta Pasivo Ambivalente que revela una explicación para el malestar indicado:
  1. Baja Autoestima
  2. Necesidad de Aprobación
  3. Déficit Asertivo
  4. Inseguridad
  5. Insaciabilidad de Presencia
Un patrón de pensamientos y conductas arraigado desde el inicio de la edad adulta, sentido como realista en base a la repetición continuada de hábitos y/o sostenido por evitación de la confrontación (miedo) que nos hiciera obtener consecuencias en contra y una larga rumiación de sentimientos, emociones e ideas que finalmente llevan a justificar dicha conducta disfuncional, permiten el mantenimiento del Malestar. Esto es, la ausencia de una respuesta asertiva a un requerimiento personal o social y en sustitución una pretendida respuesta adaptativa, complaciente, amable y al gusto del interlocutor o grupo de referencia social. Seguramente, en el convencimiento de que esa respuesta será sostenida sin esfuerzo el resto de la vida, y en evitación del temor adquirido al rechazo de una respuesta autónoma y realmente sostenible.

La solución: tras su detección, la toma de conciencia de los hábitos de pensamiento y conducta implicados, bien indicados por el/la psicólogo/a, bien producto de nuestra propia reflexión. Tarea ésta relativamente sencilla.
Lo complicado, salirse de la zona de confort creada, superar el vértigo al cambio de conducta y asumir un nuevo rol, el auténtico. Muchas veces con escaso refuerzo por parte de las personas de nuestro entorno. A veces, un día especial, un cumpleaños, una noche vieja, una experiencia vital significativa, etc. nos posicionan frente al rol deseado. Si es asociado a contingencias positivas estaremos aumentando las posibilidades de sostener y hacer durar en el tiempo un estilo de respuesta social y de interacción satisfactorio, hasta hacerlo fluir y, con el tiempo, se convierta en una faceta personal autosostenible.

sábado, 7 de enero de 2012

La vuelta al cole

Qué buena ocasión para recordar aquel estado de ánimo que experimentábamos cuando a término de las vacaciones navideñas anticipábamos el regreso al aula. Es probable que nos resulte sencillo debido a la similitud entre aquellos recuerdos y la actual previsión personal de los próximos lunes.

La antigua angustia ante la evaluación por parte del profesor y el temor a la próxima reunión de trabajo, se parecen mucho. La ingenua idea de lo insoportable del periodo de tiempo hasta las vacaciones de Semana Santa y el afrontamiento pesimista del sentimiento que induce las semanas completas sin festivos, son prácticamente idénticos.
El mismo frío y la misma sensación interna, al mirar por la ventana, que bien merece ser resuelta esta vez.

Generalmente el estado de ánimo descrito se debe a un comienzo inadecuado de la etapa vacacional. Habríamos tenido una experiencia similar, menos intensa, justo después del puente de la Constitución, cuando hemos llegado a la Navidad con la falsa idea de que no hubiéramos aguantado un día más. El riego está en la creencia de que ahora, no estamos preparados anímicamente para afrontar dicho periodo.

La solución está en el último párrafo: descifrar la información interna, desenredar lo emocional de lo racional:

1.- Describir con palabras objetivas "qué es lo peor que me espera en los próximos días".
2.- Darle un valor de credibilidad (de 0 a 10)
3.- Buscar argumentos sostenibles a favor y en contra de tal hipótesis.
4.- Inmediatamente después hacer otra hipótesis optimista, operativa y constructiva del futuro a corto plazo, dándole un valor de credibilidad (de 0 a 10).

Racionalizando de esta forma la angustia existencial deshacemos el encantamiento del que eramos víctimas. No olvides acordarte de lo que exagerabas cuando creías que era el fin ;-)

Buen lunes.